Wong Kwong, un hombre de noventa años apodado Tío Helado, sigue tirando de un carrito con una carga de decenas de kilómetros y camina un largo camino para vender sus helados todos los días. Nunca le importa trabajar duro ni piensa en jubilarse. Toda su vida muestra el espíritu tradicional de Hong Kong, que ha sentado un ejemplo para los jóvenes. Aunque nunca ha podido permitirse comprar un Rolls-Royce en toda su vida, este trabajador ha ganado el respeto de muchos profesores y estudiantes, así como del vecindario.
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