El presidente ruso decide ir de vacaciones. Para ello, cambia su apariencia con la ayuda de prótesis y maquillaje, pero el desafortunado artista toma la imagen de portada de la primera revista que ve por ahí, y ahora el presidente se parece exactamente al marginal narcisista Valera, que está escondiéndose de los cobradores. Irónicamente, los vigilantes empleados del FSO ponen vigilancia sobre el sujeto equivocado y mientras el verdadero jefe del Estado se sumerge en la vida común, emprende un viaje en coche con su compañera de viaje Zina, Valera disfruta gustosamente del servicio presidencial, expresando simultáneamente opiniones sobre cuestiones de política exterior e interior...
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