

Un marchante de arte hace una apuesta: si en el plazo de diez días no encuentra al amigo perfecto, tendrá que entregar un valioso jarrón de su propiedad. Se pone manos a la obra rápidamente y acaba eligiendo a un taxista, una persona entrañable pero algo débil. Con tal de ganar la apuesta, se esfuerza por seducirlo. Pero con la amistad no se juega impunemente.
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