Un documental que explora las múltiples facetas de la sexualidad, la película requirió más de cinco años de preparación y dos años de rodaje. Desde Estados Unidos hasta Japón, pasando por Brasil, Raphaël Sibilla se adentra en el mundo de la puesta en escena y el cumplimiento de fantasías, desde las más directas –veladas de intercambio de parejas y bares de SM– hasta las más extremas, el fetichismo y la escarificación. Aunque la noción de placer sexual siempre está presente, el cineasta amplía gradualmente su tema y se aleja de la simple representación cruda de las prácticas sexuales. Plantea cuestiones más generales, sin ser nunca juicioso, sobre la relación de sus entrevistados con sus cuerpos, buscando entender las motivaciones y aspiraciones secretas de hombres y mujeres que a veces están dispuestos a llegar hasta la mutilación para experimentar un placer más intenso.
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