La frugalidad puede ser una virtud, pero para Schneider Nörig esta virtud parece haberse convertido en avaricia. Para él, las tortitas con dos tipos de mermelada son un lujo reprobable. Prefiere ahorrar el dinero, o más bien, ponerlo en su hucha. No es de extrañar, por lo tanto, que Schneider Nörig tenga que impedir el matrimonio de su hija menor con un artesano casi sin blanca. El vecino Krup parece ser un candidato prometedor y una buena pareja a sus ojos. El dinero podría entrar en la familia si Nörig se casara con la hermana de Krup...
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