

Adela es conducida por su marido a un centro psiquiátrico en el que el doctor Comillas acompaña a madres órfilas (huérfanas de hijo) en sus procesos patológicos de duelo. Nombrar las cosas permite dar un lugar al dolor, reconocer su existencia. Pero las personas, en el fondo, no son lo que parecen. La noche en que murió Lucía algo cambió para siempre y la única respuesta es el silencio del cosmos.
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