Una palabra incompleta que nunca oímos se reduce a un solo fonema por los ecos y tartamudeos en cortes digitales. La voz no está subordinada a ningún orden racional, evitando una adaptación al contenido semántico o a estructuras sintácticas. Los sonidos digitales borran metafóricamente las distinciones entre lo que se oye como natural o artificial y se refieren al dinamismo y la efimeridad de los entornos y las formas de vida. Una figura amorfa aparece tímidamente en un fondo familiar. No podemos predecir sus movimientos ni lo que va a ser. No podemos descodificar su género, edad, nacionalidad o estado de ánimo. No sigue ninguna ley, simplemente está allí para existir.
Sin disponibilidad de streaming, alquiler digital o salas en este momento.