Devorada por su melancolía y aparentemente oprimida por cada objeto inocuo de su hogar, Anna intenta encontrar consuelo en su propio razonamiento. Sin embargo, esta línea de pensamiento la deja paralizada en un estado de indiferencia hacia todo. Actúa más por rutina que por impulso. Su café se enfría mientras está sentada frente a él, su tostada se quema. Solo hay una visión de paz, un espacio de silencio: el final. Incluso cuando una amiga la llama, Anna no puede centrarse en la interacción; en su lugar, el ruido del café, la luminosidad del día van afirmándo cada vez más su creencia de que la única salida es marcharse. Sentada sola en casa con una última y desafiante declaración a la sociedad a través de las redes sociales, una llamada telefónica sorpresa de su madre podría ser lo único que la saca de la oscuridad.
Sin disponibilidad de streaming, alquiler digital o salas en este momento.