

Gobernando por derecho divino, pero él mismo gobernado por el capricho, el rey Ricardo exilia a Enrique Bolingbroke y se apodera de las vastas propiedades de su padre. Mientras Ricardo está distraído por una rebelión en Irlanda, Bolingbroke regresa a Inglaterra, decidido a recuperar sus propiedades legítimas y, con el apoyo de sus pares descontentos, quizás apoderarse de la corona misma.
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