Alrededor del 800 a.C., Kush, un estado vasallo poco conocido de Egipto, se levantó y conquistó a los egipcios, entronizó a sus propios Faraones y gobernó sobre el imperio del rey Tut durante casi 100 años. Este inverosímil capítulo de la historia ha sido enterrado por los egipcios y minimizado por los primeros arqueólogos, que se negaron a creer que africanos de piel oscura pudieran haber alcanzado tal altura. Pero ahora, en el corazón de Sudán, los arqueólogos Geoff Emberling y Tim Kendall están sacando a la luz la verdad sobre los Faraones Negros.
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