Renée Fleming ha madurado hasta convertirse en una de las mejores sopranos del momento, una verdadera estrella con una personalidad deslumbrante y una voz de tono aterciopelado que es capaz de arrancar las emociones más finas de las obras de Strauss y Tchaikovsky que, de una cantante menor, podrían sonar bastante frías y clínicas. No habría pensado que su voz se adaptara tan bien a Violetta Valéry en La Traviata, y cuesta un poco acostumbrarse, pero creo que al menos aporta una cualidad distinta al papel con un corazón emocional que no siempre está necesariamente presente cuando una diva principal lo utiliza principalmente como un escaparate para sus dotes vocales. También se beneficia de la dirección de Antonio Pappano al frente de la Orquesta de la Royal Opera House en una producción tradicional, pero efectiva, de Richard Eyre.
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