Entre 1933 y 1935, el pintor Wilhelm Eggert y su esposa Dora Kuster viajaron por el continente africano. Su expedición los llevó desde Argel en el Mediterráneo a través del Sahara y partes de la costa oeste de África hasta el Congo y Kenia. La pareja no solo exploró vastas extensiones de tierra que eran casi completamente desconocidas, al menos para los viajeros privados en ese momento, sino que también capturó este viaje en película. Se compiló un documental proyectable a partir de los 12.000 metros de material fílmico originales. En cines y clubes de cine, al público europeo se le presentó una película que evidentemente podía satisfacer el interés en culturas extranjeras, 'salvajes' y paisajes exóticos, aunque siempre desde una perspectiva eurocéntrica. Las espectaculares imágenes de estilos de vida africanos y la naturaleza, que en muchos aspectos eran nuevas para los espectadores europeos que casi no conocían África, fueron elogiadas y apreciadas precisamente por su supuesta autenticidad.
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