La película acompaña a Linda y Gallier en su vida diaria y les brinda espacio para la autorepresentación: en la escuela, en la mesa familiar, en la discoteca, o en conversaciones con amigos. El racismo de la sociedad mayoritaria, la presión para asimilarse y los contraargumentos de los dos jóvenes y los miembros de su comunidad están omnipresentes. Los padres y abuelos son supervivientes. Linda resume que las experiencias de persecución y opresión han forjado el fuerte sentido de pertenencia entre los Sinti.
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