En el siglo XII, el budismo era aún una religión relativamente nueva en Japón. En ese momento, una escuela (Shingon) ofrecía una formación extensa en prácticas complejas y muy exigentes que podrían eventualmente llevar a la purificación y realización espiritual. Varias escuelas Zen ofrecían a los estudiantes un camino largo, literalmente compuesto por un muro en blanco y meditación incesante. Otra escuela (Tendai) enfatizaba la metafísica compleja y el estudio de sistemas filosóficos. Básicamente, todas ellas estaban diseñadas para atender a los pocos que podían renunciar a todo lo demás en sus vidas y centrarse en la liberación, como los eruditos y los nobles. En este drama histórico y biográfico, esta es la situación que el joven Shinran (1173-1263) descubrió cuando comenzó a explorar el budismo como una alternativa a la violencia y las guerras civiles incesantes que asolaban Japón en ese momento.
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