Jacob, de once años, no conoce a su padre. Su imagen es retratada e idealizada por su madre y su propia fantasía. Jacob es un chico incontrolable y ligeramente asocial, que carece de un modelo masculino. Creció rodeado de mujeres: su madre, su herastras Pauline y su abuela. La abuela llega a su pequeño apartamento en un bloque de viviendas al comienzo de la historia. La resentida actitud de Jacob (una huida descontrolada a través del barrio brumoso de edificios de bloques de hormigón) es su forma de descubrir qué está sucediendo. Es su primera decepción, pero también su primer paso hacia la madurez. Su madre tiene las manos llenas con las tareas del hogar y apenas se las arregla. No tiene tiempo para preocuparse por los sentimientos de sus hijos. El dinero es escaso. Entre sus compañeros de escuela, Jacob es considerado pobre y eso también le molesta.
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