Cuando su marido murió inesperadamente, Sinang tuvo que hacerse cargo de su granja. Como hija de gran carácter de un viejo granjero, ella tiene el corazón y el toque necesario. Mientras que sus hermanas consideran vender sus parcelas heredadas a un promotor de subdivisiones, Sinang se niega firmemente a vender la suya. Con determinación, ella la ara, cuida las semillas de arroz, pasando por todo el proceso con diligencia. La experiencia está llena de momentos felices y tristes, pero al final, el amor por la familia y por la granja prevalece.
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