Dos personas mayores que siguen estando enamoradas y que están separadas en ambos lados de la frontera que no les permite estar juntas, son vistas a diario. Ella, toda de negro, viene a recoger hierba en el bosquecillo, y él, sentado en un árbol con una pipa en la mano, espera constantemente a que ella aparezca. Los guardias fronterizos son implacables y le impiden intentar cruzar la frontera. Y así pasa el tiempo lleno del recuerdo de una felicidad, tan posible y no realizada debido a la piedra fronteriza que divide el país.
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