

Benjamín apenas puede recordar la vida antes del avión. Hoy en día, su mundo entero tiene el tamaño de un 747 personalizado, reformado para alojarlo cómodamente. Y la tripulación que se ocupa de satisfacer todas sus necesidades... salvo una: su libertad. Porque hay algo mal en Benjamín. Benjamín es una astilla en el mundo. Y así permanece, ligado al cielo. Para siempre y por siempre. Al menos, ese era el plan. Hasta hoy.
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