En esta obra definitiva, el autor destila una visión radical y profundamente personal de la realidad y la locura humana, creando una película sin trama lineal, compuesta en su lugar por una secuencia de escenas visuales autónomas y poderosas. En un flujo continuo y alucinante, la pornografía extrema y barroca, el misticismo, el arte y el deseo se fusionan en una sola experiencia sensorial y simbólica. Acompañada por la música de S. Lummi y M. Capitanio, la película adopta la forma de un círculo infernal contemporáneo, donde el espectador es arrastrado a través de imágenes que reflejan las obsesiones, desviaciones y éxtasis humanos. Un viaje visionario y perturbador, donde cada fragmento representa un pedazo de la tensión eterna entre lo sublime y lo perverso.
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