El director dedicó esta lírica y épica confesión cinematográfica a la memoria de su padre, que era médico. El protagonista de la película, un médico de ambulancia, lleva a cabo experimentos peligrosos en busca de una vacuna vitalmente importante. Su esposa cree en su trabajo, aunque su hija no lo entiende. Su hijo, que es absolutamente distinto a su padre en carácter, intenta protegerlo. Pero el sacrificio en nombre de la ciencia resulta ser demasiado alto. Justo cuando está al borde del descubrimiento, el médico pierde todo lo que ha reunido como resultado de su trabajo de veinte años. Esta pérdida lo acerca aún más a su hijo. El rodaje de la película se prolongó durante siete años (1985-1992), convirtiéndola en una culminación metafórica de la cinematografía soviética y del modo de vida soviético en general.
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