Ramon (18) se despertó en una habitación oscura y estrecha. Junto a él estaba un anciano llamado Fredo (63) que estaba desesperadamente tallando la pared para hacer un agujero. El lugar en el que se encontraban estaba débilmente iluminado, y los únicos sonidos que podían escuchar eran su respiración y el ruido de la uña contra la pared. A medida que pasaban largas horas haciendo el agujero, también se fueron conociendo y recordando sus experiencias que los llevaron a su situación actual. El agujero reveló cómo treinta personas lograron caber en una pequeña celda de la cárcel detrás de una estantería de libros, desvelando el misterio del sistema de confinamiento y la injusticia.
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