El dolor del amor no correspondido se plasma de manera inolvidable gracias a dos de las mayores estrellas de hoy en día. Renée Fleming brilla musical y dramáticamente como la tímida Tatiana, que se enamora del mundano Onegin, interpretado con carisma devastador por Dmitri Hvorostovsky. Su vocalismo hipnótico y su química estallan en una de las escenas finales más desgarradoras de la ópera. Con Valery Gergiev en el podio dirigiendo la apasionada partitura de Tchaikovsky, esta interpretación es para la historia.
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