Ya en julio de 1933, Hitler introdujo una ley de higiene racial que pedía la esterilización, los abortos forzados y las primeras exterminaciones, incluyendo el programa T4, de un número de personas discapacitadas y sordas. Por primera vez, se lleva a cabo una investigación de siete años sobre la historia de los sordos judíos bajo el nazismo. Comenzó en 1993, con un debate organizado en la biblioteca de Bagnolet, que mostró que los sordos, amordazados por su incapacidad para hablar, no podían testificar. Numerosos testimonios, intercalados con imágenes de los lugares donde se llevaron a cabo las esterilizaciones (hospital de Hadamar, Berlín...) y el museo de Auschwitz, apoyan esta discusión. Historiadores como Horst Biesold, especialista en el problema de los sordos bajo el nazismo, rompen el silencio, desenmascarando la lógica perversa del régimen nazi en términos de higiene racial y aniquilación de los discapacitados, y denuncian el papel crucial que desempeñaron los médicos en este siniestro proceso.
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