Alim trabaja como aprendiz de sastre con Yakup desde hace 15 años. Obsesivo y temeroso de la muerte, está atrapado en la rutina de una vida monótona. Abre la tienda por la mañana y o bien echa una siesta o ve la televisión hasta que llega su jefe. Por las tardes, regresa a casa en coche compartido con Kemal desde la cafetería. Cuando ve un reportaje en la televisión sobre los peligros de los coches que funcionan con GLP, comienza a inspeccionar cada taxi en el que viaja para ver si funciona con autogas o no, y cada vez anota una puntuación. Para evitar usar un vehículo, decide mudarse a un piso nuevo más cerca del trabajo. Este cambio que hace será un punto de inflexión vital para Alim.
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