En esta altamente simbólica alegoría política, Averill viaja a través de un campo atravesado por rumores de guerra para visitar a su padre. Llega a una estación de tren en una ciudad paralizada por una huelga de transporte y se ve obligado a alojarse en una extraña y poco atractiva localidad poblada por individuos aparentemente deformes. Después de un tiempo, comienza a intentar conquistar a una mujer mucho mayor, y imágenes simbólicas de encarcelamiento, prisión y seducción erótica marcan sus aventuras en este sentido.
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