En el siglo XVIII, la amenaza bereber se volvió seria. En julio de 1785, dos barcos americanos fueron devueltos a Argel; en el invierno de 1793, once barcos americanos, con sus tripulaciones encadenadas, estaban en manos del dey de Argel. Para garantizar la libertad de movimiento de su flota comercial, Estados Unidos se vio obligado a concluir tratados con los principales estados bereberes, pagando sumas considerables de dinero como garantía de no agresión. Con Marruecos, tratado de 1786, 30.000 dólares; Trípoli, el 4 de noviembre de 1796, 56.000 dólares; Túnez, en agosto de 1797, 107.000 dólares. Pero el más costoso y humillante fue con el dey de Argel, el 5 de septiembre de 1795, "tratado de paz y amistad" que costó casi un millón de dólares (incluyendo 525.000 en rescate por esclavos americanos liberados), con la obligación de pagar 20.000 dólares a la llegada de cada nuevo cónsul y 17.000 dólares en regalos anuales a altos funcionarios argelinos.
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