James Oliver tiene una delicada esposa que está a punto de convertirse en madre. Su médico de cabecera le aconseja a Oliver que no debe participar en ningún encuentro físico ni sufrir ningún daño, ya que esto podría matarla. Poco después, Oliver se encuentra en un bar cuando un cliente rudo del lugar lo invita a beber. Oliver declina y, ante la insistencia del rudo, pide agua con gas, que el rudo le lanza a la cara con desdén. Obligado a luchar o reconocerse como cobarde, Oliver admite su cobardía. Todos se burlan de él, cuando un anciano, un tranquilo espectador de la escena, cuenta la siguiente historia, que se desarrolla en imágenes intercaladas. Toma como texto la afirmación de que "Ningún hombre que admita ser cobarde por principio es uno". Describe la historia de un joven llamado Thomas Marsh, que tenía un sentimiento de miedo arraigado en su ser físico.
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