El deseo de desprenderse del suelo, de elevarse por encima de él con solo la fuerza de sus músculos, ha sido uno de los anhelos más antiguos del hombre que aún no se ha hecho realidad. La historia de la película es el resultado del deseo del Alcalde de que su Isla entre en la historia de la aviación, y la impotencia del "volador" elegido, que en su pasión ciega por volar ni siquiera se da cuenta del affaire de su esposa con el cartero ni de la conspiración de los notables del pueblo, que están dispuestos a sacrificar a su vecino por la dudosa distinción de ser escritos como el primer aviador autopropulsado. La campana de la iglesia, la apuesta por un vuelo exitoso, acaba en el jardín del "volador", ya que el piloto ha cumplido su palabra: "Volaré. Me elevaré, flotaré por el aire, o nunca volveré a caminar sobre la tierra".
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