“Cada hombre tiene su propio destino: el único imperativo es seguirlo, aceptarlo, no importa adónde lo lleve”. Dentro de una bolera después del horario de cierre, una sesión de asesoramiento está en marcha con los asistentes debatiendo los diversos méritos y desventajas de las estrategias de ejecución y la prevención de riesgos ocupacionales. Un hombre se ofrece a tocar la flauta y desde ahí todo se desata. El arma es una silla plegable, las víctimas son sus colegas profesionales y el crimen está predestinado por el karma. A medida que la cámara se detiene en las acciones sangrientas, acompañadas de música poco convencional y a veces silenciadas y que ocurren fuera de plano, un tono inquietante, oscuro y ligeramente siniestro pesa en el aire. En una profesión como la suya, la vida está predestinada por el karma y la elección no es una opción.
Sin disponibilidad de streaming, alquiler digital o salas en este momento.