Cualquier cosa puede suceder en el mar. Estás comiendo tu sandwich diario en la cubierta del barco cuando de repente algún tiburón con su aleta dorsal hinchada por la codicia, o un astuto gavilán marino gigante, o una tormenta picante que acaba de volcar un barco de especias, te ataca. Así es como es el mar, y esas tormentas son las peores de todas. Pero sin embargo, a diferencia de otros barcos, uno debe estar siempre en el mar, ¡incluso si está lloviendo arenques de piedra del cielo!
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