Vic encuentra una habitación para alquilar en una casa compartida de una banda de metal en un estado de decadencia en Brunswick. Sin embargo, su alivio por encontrar refugio durante una crisis de vivienda se desvanece más rápido que la pintura descascarada que se cae de las paredes. La casa, que no parece aparecer en los mapas, cuenta con una ducha que o quema o congela, un techo con agujeros que tienen agujeros propios, una extraña vida vegetal que brota de cada grieta en las paredes, y Terry, un compañero de casa que parece estar agresivamente indiferente ante todo. Todo esto sería soportable para Vic si no fuera por dos problemas: su privación del sueño debido a un horrible ruido de gritos que la despierta y que sacude los cimientos, proveniente de detrás de una misteriosa puerta cerrada, y su impresión inquebrantable de que algo dentro de la casa está desarrollando un hambre voraz.
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