En el verano de 1931, con Alemania al borde del colapso económico y la ciudad de Berlín convirtiéndose en una zona de guerra paramilitar, el joven y audaz fiscal Hans Litten (Stoppard) decidió citar a un testigo estrella en un juicio contra matones nazis. A pesar del riesgo para su propia seguridad y en contra del consejo de aquellos que lo aman, Litten obligó al ascenso de la estrella política Adolf Hitler (Hart) a hacer una aparición sensacional en el estrado de testigos del tribunal penal central de Berlín. Litten apuntaba a exponer el verdadero carácter de Hitler y su política al público alemán, para revelar su hipocresía y sus ambiciones violentas, y al hacerlo, detener el éxito electoral del Partido Nazi. En un contrainterrogatorio humillante y hostil, Hitler se vio obligado a dar cuenta de sus creencias políticas, su desprecio por la ley y su deseo de destruir la democracia alemana. Durante un breve momento, el futuro político de Hitler estuvo genuinamente en la balanza.
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