2009, Eslovenia. Durante 30 años, Alija, el minero, ha sido uno de los muchos trabajadores inmigrantes bosnios. Debido a la crisis, los mineros están perdiendo sus empleos. A Alija se le envía a inspeccionar una mina abandonada. Su tarea es asegurarse rápidamente de que la mina esté vacía antes de que la dirección venda la empresa. Pero en la mina, Alija encuentra pruebas ocultas de ejecuciones después de la Segunda Guerra Mundial. Se le ordena dejar de excavar y informar que la mina está vacía. Él decide seguir adelante, aunque arriesga su empleo. Alija descubre a miles de personas ejecutadas. Informa a la policía. Entre los muertos, encuentra mujeres. Algunas de ellas eran civiles, personas desaparecidas, al igual que su hermana, que se perdió en el genocidio de 1995 en Bosnia. Alija está convencido de que las víctimas deben ser exhumadas, identificadas y enterradas. Pero no hay interés en hacerlo. La mina es declarada una tumba militar de la Segunda Guerra Mundial y es tapiada. Los muertos permanecerán sin enterrar. Alija pierde su empleo y lucha por preservar su dignidad.
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