La razón para hacer esta película es clara: fue para encubrir la famosa crónica de Vojtěch Jasný "Todos los nativos buenos", un relato de las trágicas consecuencias de la colectivización forzada. El director pro-régimen Antonín Kachlík también se centra en la socialización de la aldea morava, acompañada de errores y coacción, pero en su visión optimista destaca las perspectivas esperanzadoras que conducen a un futuro feliz. Aunque las tierras unidas del pueblo nacieron en el dolor, servirán para el beneficio de todos los trabajadores... Al igual que Jasný, Radek Brzobohatý encarna al campesino obstinado, que solo lentamente reconoce los beneficios de la agricultura comunal. Sin embargo, a diferencia de la exuberancia poética y la concisión de la crónica de Jasný, aquí nos encontramos con una postura agresiva.
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