Keizer es un artista callejero que educa a las masas sobre la última corrupción. Temía que la autocensura aún no se hubiera superado, ya que "la gente ha creado sus propias prisiones". En otro lugar de El Cairo, el arte callejero está floreciendo en una expresión alegre de libertad. "Es la primera vez que paso por cosas como estas que expresan felicidad y satisfacción", explica un anciano sonriendo. Karima Mansour es una coreógrafa cuya danza expresa las complejidades de una sociedad en la que hay mujeres veladas, "pero también tenemos mujeres como yo. Soy una bailarina que trabaja con el cuerpo". Ahora quiere acceder a teatros estatales, algo prohibido a los artistas independientes bajo el antiguo régimen.
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