El teatro se trata del sexo. Al menos según Richard Foreman, el padre del Teatro Ontológico Histérico. EL VAQUERO ONTOLÓGICO documenta la invocación de Foreman de la "destino manifiesto" del teatro de vanguardia, el rey vaquero Rufus bajando la colina de San Juan con un suspiro, agitando su pañuelo. Foreman se interpreta a sí mismo, y el elenco mima sus obsesiones. Si "el elenco y el equipo sufren por igual", es por una buena causa: el violento renacimiento del teatro americano, con Foreman como su partera.
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