James Montgomery Flagg dibuja primero su boceto de la chica, y luego, al arrancarlo de su marco, revela a la verdadera chica recostada en la cama con una expresión de puchero que es característica de ella. Luego somos testigos de una exposición de sus diversos estados de ánimo y actos egoístas. Por ejemplo, permite que su madre le traiga el desayuno a la cama, y ni siquiera se molesta en sonreír ni en agradecerle. Y no es nada raro que el padre y la madre se queden despiertos hasta el amanecer para abrirle la puerta cuando regresa de un baile. Finalmente, exige un automóvil para no tener que molestarse con los taxis, y para cumplir su deseo, algunos de los muebles de la casa tienen que ser vendidos. En un arrebato, toma su coche y se va con su amante, y la escena final la muestra en su propia casa, haciendo la vida miserable a un esposo.
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