Woyzeck toma drogas psicotrópicas y se castiga físicamente. No tiene otra opción. Es su forma de vida. Con lo que gana vendiendo su cuerpo y trabajando en un restaurante y en túneles del metro, apenas llega a fin de mes. Al regresar a su hogar con su esposa Marie y su hijo bebé, es un despojo impotente -- y definitivamente no puede permitirse los pendientes que ve que Marie lleva un día. Ella está frustrada y la joyería es un regalo del proxeneta local. A Woyzeck no se suponía que debía enterarse. Pero lo ha hecho. Afectado por voces, pierde su ya débil agarre a la realidad. Se retira a los túneles con Marie y el bebé. Allí Woyzeck es el dueño de la vida y la muerte.
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