La fábrica Labor [la firma manufacturera] como un conservador fiel se remonta - solo a su generación - a la tradición que parece perdida. A la vanguardia de los veinte, a la revolución narrativa del lenguaje cinematográfico de los sesenta, a la experimentación de los setenta. Y al posmoderno que recordaba y que siempre se mantuvo, para el cual todo esto encaja precariamente bajo el gran paraguas del mundo, (todo lo demás - y lo contrario de todo - también). Las imágenes fuertes y efectivas de los hermanos Buharov están soñadas en la tela, su obra perdura aunque no entendamos nada de ella. No reconocemos las reglas de su mundo, pero las sentimos, y es ahí donde radica su fuerza.
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