La mejor película italiana de los 90, la obra más extrema y radical desde SALO', una representación despiadada, en una clave surrealista-metaphórica, de una civilización condenada a adorar su propia ceguera. Los dos directores sicilianos utilizan un lenguaje libre de compromisos y de las reglas tradicionales de la trama: la película está fotografiada en un blanco y negro agudo y muy contrastado, sin música de fondo atractiva, y carece de una historia lógica. No hay mujeres (las que vemos son en realidad hombres), y el lenguaje es un estricto dialecto siciliano. El estilo de dirección se caracteriza por planos fijos largos en un mundo post-atómico, que es en realidad la Palermo de hoy en día, habitada por personas obesas en calcetines y ropa interior que eructan y flatulan mientras deambulan por callejones apestosos y vertederos de basura.
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