A raíz de la Segunda Guerra Mundial, la mayoría de los alemanes habían sido educados con la creencia errónea de que el Holocausto había sido planeado y ejecutado solo por una pequeña minoría de nazis, concretamente, la Gestapo y las SS. La triste verdad, sin embargo, es que la filosofía de limpieza étnica de Hitler, que el Führer defendió con tanta audacia en su aterrador manifiesto, "Mein Kampf", había sido acogida con entusiasmo no solo por todo el ejército, sino también por la mayoría de la población civil. La prueba largamente reprimida de su amplia colaboración y participación se desveló en la Exposición de la Wehrmacht, una condenatoria colección de fotografías y metraje filmado que recorrió Alemania entre 1999 y 2004. El espectáculo sacudió al país hasta sus cimientos porque obligó a la gente a enfrentarse al hecho de que se necesitaba mucho más que un lunático y sus esbirros para eliminar a seis millones de personas.
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