En estos días, las calles de Viena eran especialmente ruidosas, alegres y festivas. Jóvenes de diferentes países acudían allí para celebrar su festival tradicional. Nuevos conocidos, encuentros inesperados, acaloradas discusiones... Hubo una acalorada discusión en el club. Peter, el enviado de Alemania, expresó su punto de vista. El público se indignó, el público se escandalizó. Pero Peter solo veía a la chica soviética Katya, solo escuchaba sus palabras, airadas, resueltas, condenando su postura.
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