Phillip está casado con Rositza pero tiene un hijo con Marta. Rositza adopta al niño, pero no puede mantenerlo ni a su marido. Phillip se lleva al niño y se muda al ático donde vive Marta. Rositza viene a recoger al niño, ya que quiere cuidarlo. En la pelea por el niño, se ven involucrados la propietaria del ático, Venera, y su sobrino, Svetlozar. Pronto todos comienzan a desentrañar sus propias experiencias vitales. El niño no hace ruido en la otra habitación solo para mostrar que todos lo han olvidado. Ninguno de los personajes ha visto sus propios errores. Para evitar su vulnerabilidad, tienen un estilo de comportamiento que no forma parte de su naturaleza humana. Han perdido su esencia.
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