Evoqué a una mujer bailando. ¿Una mujer? No. Una línea que rebota con ritmo armonioso. Evoqué una proyección luminosa sobre velos. ¡Materia precisa! No. Ritmos fluidos. ¿Por qué deberíamos descuidar, en la pantalla, el placer que el movimiento nos brinda en el teatro? Armonía de líneas. Armonía de luz. Líneas, superficies, volúmenes que evolucionan directamente, sin el artificio de la evocación, en la lógica de sus formas, despojadas de cualquier sentido demasiado humano, permitiendo una elevación hacia lo abstracto, dando así más espacio a las sensaciones y a los sueños: cine integral. —Germaine Dulac
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