Todos los indicios apuntaban a que Maraki estaba hecha para grandes cosas, para el honor y los reconocimientos. Y sin embargo, contrariamente a todas las expectativas, nuestra heroína se rinde. Se niega a presentarse a los exámenes de acceso a la universidad y se queda atrás en la ciudad del interior vendiendo tartas de frutas. Nadie puede entender cómo es que esa niña prodigio se ha quedado atrás. Tampoco puede nadie comprender por qué Maraki no está enfadada con el destino por haberla tratado tan flagrantemente mal. ¿Cómo consigue ser tan creativa y optimista, dispuesta a luchar contra las injusticias cotidianas de la vida allá donde aparezcan? Parece que entiende algo que todos los demás ignoran.
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