Después de regresar del ejército, Rustam se adapta con facilidad y naturalidad al entorno de los trabajadores de una planta petroquímica. La casi infantil despreocupación y el pasado ocioso son reemplazados por una comprensión de la necesidad de una causa común, y surge un sentido de dignidad interior. Esto es lo que hace que Rustam no se reconcilie con el hecho de que el equipo en el que trabaja esté entre los rezagados y se caracterice por la indisciplina. Al convertirse en capataz, Rustam intenta crear un ambiente laboral saludable, participa en el destino de Sagat, que recientemente regresó de la cárcel, rechaza los intentos del jefe de la tienda de sobornar la confianza del equipo con un "salario falso". Y fuera de la fábrica, actúa desde una posición de bondad activa, aunque a veces, al ayudar a los demás, se olvida de sí mismo y no tiene tiempo de aclarar la relación con su novia Lucy...
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