A pesar de sus fracasos como vendedor ambulante, Casimir le garantizó a su prometida que esta vez las aspiradoras funcionarían bien. Pero sigue sin tener éxito hasta que va al apartamento de Paul-Andre, un pintor que se había comprometido por correspondencia con una rica mujer sudamericana. Justo entonces ella llega armada con un arma, enfurecida después de haber recibido una carta de ruptura del hombre al que nunca había visto. Ella confunde a Casimir con su amante pintor. Casimir está listo para huir hasta que descubre que ella es dueña de muchos hoteles, nada menos que mil habitaciones. "Mil habitaciones, mil aspiradoras", piensa de repente.
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