El director Claus Guth aumenta el surrealismo de este cuento de hadas inicialmente extremadamente cruel, que prefiere ver como una "parábola", hasta lo grotesco. Guth ve a Calaf, hijo del rey tártaro fugitivo Timur, "lanzado a un mundo que no puede entender". Es un sistema que funciona según su propia lógica: la princesa Turandot, para protegerse, ha construido un aparato burocrático alrededor de ella que es tan brutal como efectivo. Para el director Claus Guth, es claro que Turandot está describiendo su propia experiencia cuando habla de las terribles cosas que le hicieron a su antepasada Lu-o-lin; el estado de terror es su reacción. El escenario de Etienne Pluss, los trajes de Ursula Krdina y la coreografía de Sommer Ulricksen lo muestran desde afuera y desde adentro - y también su decadencia, que es el requisito necesario para el final feliz de Turandot y Calaf.
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