La peculiaridad de la representación "Dos mujeres" de Vladimir Mirzoev en el escenario de Lenkom radica en la plasticidad de los personajes especialmente desarrollada. Parecen estar en un estado somnambúlico, ya sea despiertos, dormidos, existiendo o no. En paralelo con el texto de Turgenev, en contrapunto, el director despliega su registro visual, que entra en una relación obviamente contradictoria con las palabras del clásico. La interacción de los personajes en el escenario es absolutamente independiente de las observaciones del autor. Así, Mirzoev matiza visiblemente los motivos íntimos, en cierta medida freudianos, que él ve en la obra. Sin embargo, el texto de Turgenev y las búsquedas plásticas de Mirzoev convierten "Dos mujeres" en un curioso experimento escénico, bastante inesperado para la estética de Lenkom.
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