Hubo dos impulsos iniciales para la película: las pinturas de John Turner (de donde proviene el título entre paréntesis "visión de sol") cuyas pinturas casi imperceptibles se alinean con el espacio en el que me encuentro en esta etapa de la vida: en la frontera entre la juventud y la vejez, donde no todo está por venir pero tampoco todo ha terminado; y las pinturas llenas de espíritu de Emily Carr, particularmente sus copas de árboles y cielos en espiral de sus obras posteriores.
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